lunes, 11 de junio de 2012

La frivolidad y la grandeza del quehacer filosófico (I)


El quehacer del hombre solitario y la seriedad ante la búsqueda del conocimiento

«El hombre solitario es una bestia o un dios»
Aristóteles


El curso de Problemas de Historia de la Filosofía se desarrolló bajo la propuesta de reunir elementos que representaran la imagen del filósofo desde la mirada de otros, y no desde los propios filósofos. Esto debido a que se partió del supuesto de que la imagen del filósofo actualmente está en crisis en todo el mundo. Por lo tanto, se planteó la tarea de reunir diversas representaciones en distintos formatos, para vislumbrar cuál es y cuál ha sido la imagen social del filósofo en los últimos cien años, así como cuáles son los prejuicios y asunciones que se tienen sobre su actividad. Esta tarea se conjugó a la par de varias discusiones realizadas en clase sobre los elementos e ideas que surgían gracias a nuestras investigaciones.

Dos preguntas que estuvieron presentes todo el tiempo fueron las siguientes: por un lado, ¿cuáles son las ideas que recurrentemente tenemos los filósofos de nosotros mismos?, y, por otro, ¿cuáles son las ideas que tienen recurrentemente los no filósofos sobre nosotros? Pocas semanas después de iniciar el proyecto, pudimos detectar que la mayoría nos habíamos inclinado a buscar y encontrar elementos que representaban a los filósofos más populares y reconocidos del siglo XIX y del siglo XX, como Nietzsche, Wittgenstein o Sartre. Asimismo, descubrimos que, o bien, nos enfocábamos en buscar representaciones de filósofos famosos, o bien, imágenes que mostrarán al filósofo de forma positiva. Fue así como admitimos que los filósofos solemos preferir entre todas las imágenes y representaciones que hay de nosotros a aquella imagen que nos muestra como grandes hombres dedicados al saber sobre el sentido de la vida y la existencia; esa imagen que nos muestra con una actitud reflexiva y erudita. Además, aceptamos que siempre solemos expresar que esa actitud es para nosotros, no sólo la mejor de todas, sino que es la mayor de la virtudes. De modo que para los filósofos resulta indudable que la filosofía es la mejor, y tal vez la única manera, de encontrarle sentido a la vida. Así pues, es importante detectar de qué forma se realiza nuestro quehacer. 

Por lo anterior, descubrí dos cosas que son recurrentes en las representaciones que logramos recolectar. Primero, el quehacer del filósofo es representado como una actividad solitaria, y segundo, el filósofo es constantemente representado con esta actitud reflexiva, denotando seriedad y pasividad. Por ejemplo, podemos ver que la mayoría de las fotografías  e imágenes que se encontraron, muestran al filósofo con gestos serios, en posturas rígidas, y casi siempre sólo en compañía de sus libros o de objetos que a su vez ayudan a expresar una postura formal, pasiva y distante.

Se suele considerar que alguien es frívolo cuando asume problemas o situaciones de forma superficial o injustificada, pero también, o bien, cuando asume el sentido de las cosas sólo en función de su beneficio o de que éstas lo hagan ver bien ante de los demás, o bien, cuando intenta demostrar su independencia o mayor importancia respecto al otro. De cualquier forma es claro que esto trae muchas dificultades, principalmente, la desvalorización o falta de respecto hacia el otro, o hacia lo que simplemente no es propio.

Tomando en cuenta esto, pienso que quizás la crisis en la imagen del filósofo tenga que ver con una crisis en el propio quehacer filosófico. Una crisis que deviene de identificarnos con ese carácter solitario y serio, que propicia en ocasiones, una actitud frívola ante el mundo. Una frivolidad que deviene de situarnos en un lugar privilegiado ante el conocimiento de las cosas. Esta identificación se nutre de muchas tradiciones a lo largo de la historia de la humanidad, desde el ideal cristiano que enaltece la soledad y la seriedad como requisito para comunicarse con la divinidad, hasta la postura romántica encontrada en varios autores del idealismo alemán, que consideran que la soledad es de alguna forma un espacio vital y necesario para entender el mundo y sus designios. 

Por lo tanto, lo siguiente sería reflexionar dos cosas: por un lado, preguntarnos si queremos o necesitamos de esta actitud en nuestro quehacer y por qué, y por otro, pensar qué respuestas podríamos dar ante tal señalamiento sobre nuestra posible frivolidad. Si nuestro objetivo era hallar elementos que puedan explicar la crisis en la imagen del filósofo, no podemos dejar de pensar y cuestionar todas las cosas que nos hacen ser lo que somos, sean positivas o negativas.

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